Soy Arael Elämä, creadora del proyecto Portal Sat Nam y escritora independiente. Me dedico a acompañar a aquellos que han iniciado una búsqueda interior, y tratan de comprender algunas facetas de sí mismos. Realizo diversas técnicas para aportar bienestar y equilibrio emocional y energético en las personas que todavía no logran hacerlo solas y necesitan de algún tipo de orientación. Soy Maestra de Reiki, Facilitadora de Psych-k, Especialista en trabajos energéticos y emocionales tales como la técnica regresiva, la liberación de emociones a través de la meditación y/o relajación profunda y Orientadora espiritual. Algunos me han llamado terapeuta del alma, sin embargo no creo en la terapia como método de sanación, pues, si bien soy sanadora energética, entiendo lo que hago como un apoyo a la persona a encontrar aquello que está en incoherencia consigo misma para hacerlo consciente y liberarlo, o transmutarlo, para trascenderlo y para comprenderlo. A este apoyo o acompañamiento lo llamo Sanación Evolutiva, y está destinado a aquellos que están desarrollándose de manera consciente, buscando su propia maestría, su mejor versión de sí mismos. Deseo transmitir las herramientas que he ido aprendiendo y experimentando a aquellos que quieran adentrarse en su propio Ser y no sepan cómo hacerlo. Si crees que puedo acompañarte en tu camino de autoconocimiento, echa un vistazo a mi página y descubre si hay algo que pueda hacer por ti.
Abrazos desde mi Ser al tuyo.

viernes, 27 de noviembre de 2015

LAS PROYECCIONES

En ocasiones me he encontrado en situaciones en las cuáles me he dado cuenta de que la persona con la que estoy hablando me está acusando de alguna cosa que en realidad no tiene nada que ver conmigo, sino con ella misma. 

Hace algunos años esto podía ocurrirme de una manera más desapercibida en mi vida, y no me percataba de los motivos por los cuales se me juzgaba por actos que yo consideraba correctos, pero que la otra persona catalogaba de inapropiados, proyectando emociones suyas en mí que provenían de una reacción que yo entendía como exagerada e inapropiada, o fuera de lugar.

 Esto me ocasionaba dolor, pues yo no comprendía por qué se me acusaba de algo que no tenía nada que ver conmigo.
Hoy, después de mucho trabajo de autoconocimiento, me doy cuenta enseguida de las proyecciones que otros hacen de sus propias emociones hacia mí, o hacia los demás.
Ahora es más fácil para mí ver cómo actúa el ego ser humano, defendiéndose de lo que no es totalmente "correcto" para él mismo, y su propio autojuicio se manifiesta como un juicio hacia el otro, acusándole de mantener un comportamiento no aprobado, o de poseer algún aspecto de la personalidad que no le agrada y que en realidad le pertenece a él y está viendo reflejado en el otro, proyectando así su desprecio hacia fuera de sí mismo por algo que está en su propio ego.

Esto es un mecanismo que permite a esa persona ver lo que no le gusta de sí misma en un amigo, pariente, o conocido, y de esta forma elude su propia responsabilidad, de un modo totalmente inconsciente.

Así te puedes encontrar un día con un amigo que te acuse de algo que, claramente, le está sucediendo a él, siendo su propio conflicto el que hace que te señale a ti como culpable.

Por otro lado, también he visto cómo algunas personas que viven situaciones difíciles, pueden aconsejarte justamente lo que necesitan escuchar como consejo en sí mismos, convirtiéndote en su propio reflejo, como si al intentarte ayudar a ti, quisieran ayudarse a sí mismos y auto-reafirmarse en sus propios actos y/o decisiones.



Todo esto, como he dicho, es algo inconsciente, aunque también he entendido que es habitual que hagamos esto, sin embargo, es muy importante tomar consciencia de ello y darnos cuenta de cuándo estamos proyectando nuestras emociones en el otro, o cuándo estamos ofreciendo consejos que en realidad nos estamos dando a nosotros mismos, pues así podemos conocernos mejor, ver a nuestro ego, gestionar nuestras emociones y nuestras reacciones ante sucesos que nos alteran y no culpar, ni responsabilizar a nadie por hechos que en realidad interpretamos desde nuestros propios filtros emocionales. 

No se trata tampoco de culpabilizarnos a nosotros mismos, ni de castigarnos o juzgarnos por lo que sentimos, sino de responsabilizarnos de lo que hay en nuestro ego, de nuestras creencias, miedos, etc.

Pienso que ya va siendo hora de que los seres humanos nos hagamos cargo de nuestros egos y comencemos a ser conscientes de lo que somos, más allá de lo que creíamos que éramos, y abracemos lo que sentimos con comprensión, sin torturarnos más, sin castigarnos, porque si nos avergonzamos de nuestras emociones y reacciones, es cuando tratamos de huir de ellas, ocultarlas y proyectarlas en los demás, y así comienza nuestra guerra interior, la cual se acaba manifestando en el exterior.

Sólo hay que imaginar lo que eso significa a gran escala, ya que en realidad es lo que está sucediendo...Una parte de la humanidad está en guerra con la otra parte, porque no acepta su oscuridad, y ambas partes la proyectan mutuamente, de esa manera unos se convierten en los buenos y creen serlo firmemente, mientras que juzgan a los  otros por ser malos, y viceversa,  así como ocurre dentro de cada ser humano.

Hasta que no aceptemos que somos un todo, con luz y sombra, no dejaremos de creer en el cielo y en el infierno, porque eso será lo que proyectaremos. Hasta que no aceptemos aquello que nos avergüenza sentir o pensar para lograr trascenderlo y no etiquetarlo como algo incorrecto, no dejaremos de verlo reflejado en los demás y no dejaremos de proyectar nuestro desprecio hacia ello, aun existiendo dentro de nosotros mismos.
Cuando rechazamos algo del otro, rechazamos algo que está dentro de nosotros, así que cuando herimos al otro, en realidad lo que hacemos es autoinfligirnos ese daño proyectándolo en los demás.

Aprender a discernir lo que sentimos para no culpar al otro de nuestras emociones, de nuestras inseguridades, miedos, dudas, etc., que suelen provenir de nuestras creencias más arraigadas y limitantes, nos ayudará a ver al ser humano con más amor y compasión, y tal vez así, cuando desaparezca ese monstruo de nuestro ego que fustiga y juzga lo que hay en nosotros, se diluirá la gigantesca barbarie que hemos creado como humanidad.

Arael.

domingo, 1 de noviembre de 2015

CUANDO LA MÁSCARA CAE

 Vivimos enfrascados en nuestras obligaciones mundanas, el trabajo, nuestras relaciones con los demás, nuestras preocupaciones...
La vida se muestra así incompleta, como si nos faltara algo, algo que sólo notamos que no está cuando tenemos un poco de tiempo para nosotros, para mirar ahí adentro y notar que algo no anda bien, que nos sentimos anhelantes de algo que no sabemos muy bien qué puede ser.
Entonces creemos que tal vez es una pareja, o un nuevo trabajo, o que debemos comprarnos una casa más grande, o en otro lugar.
Y la verdad es que lo que se siente es algo así como un vacío que nada puede llenar, un hueco que tratamos de tapar con lo material, y con las distracciones de lo que la vida terrenal nos pueda ofrecer. Si tienes las necesidades primordiales cubiertas, vives con esa comodidad, con esa tranquilidad, pero sigues sintiendo que algo falta. Si tienes suficientes ingresos económicos para viajar y cubrir también tus "caprichos" resulta que sigues sintiendo que algo falta. 
Luego buscas una pareja que te haga sentir, que ta haga vibrar, que te haga enamorarte de ella y del mundo entero, notando que ya estás lleno, que no te falta de nada, pero tras la novedad, tras la pasión, tras un tiempo de compartir con esa persona, vuelve de nuevo el anhelo, la añoranza, esa sensación de que "algo falta"...
Y es cuando, desde la mente racional, piensas que lo que ocurre es que no es la persona adecuada, y entonces, te planteas que tal vez te has equivocado de nuevo y comienzas a buscar inconscientemente a otra persona que te "llene" más. Esto pasa con todo, amigos, trabajo, hogar...

Así vivimos hasta que de pronto algo ocurre, algo así como una conexión con algo más que hay en nosotros, una fuerza interior que nace del corazón, pero no de las emociones, sino de algo más grande, tu esencia, tu verdadero yo.

Y resulta que tú eres una mezcla de personajes que actuan según el contexto de tu vida. Eres el hombre o la mujer de negocios, o cualquier otra profesión u ocupación, eres la madre o el padre, el hijo o la hija, el vecino, el amigo, y en cada situación el personaje varía, se adapta a cada circunstancia, interpretando su papel perfectamente.

Muchas veces me doy cuenta de que hablando con alguien no lo estoy haciendo con su ser, con su alma, o con su verdadero yo, sino con uno de sus personajes, el cual, tiene una enorme barrera puesta entre él y yo. Empecé a detectar esto cuando mi máscara cayó, cuando descubrí a mis propios personajes, y mi paso se convirtió en un paso de un yo al desnudo que usaba sus personajes sólo si lo necesitaba, pero bajo la supervisión de ese yo desnudo.

¿Cómo fue que mi yo se quitó las vestiduras de lo falso de mis personajes?

Un día te das cuenta de que no eres lo que creías, y comienzas a identificarte con algo más grande, más profundo, algo que está por encima de tu rol social, de tus pensamientos y de tus creencias, y en ese momento, la máscara cae. Cuando eso ocurre, tus personajes, esos que existen para afrontar la vida terrenal, empiezan a perder fuerza y tú, como observador, te vas liberando de su influencia y su control sobre lo que realmente eres. Ya no hay disfraces, eres tú al desnudo, observando a tu mente, a tus pensamientos y a tus emociones...siendo amor incondicional...

Y ahí todo un mundo nuevo se eleva frente a ti, mostrándote todas tus capacidades, todo tu verdadero potencial, todo lo que hay ahí, en ti, tu propia grandeza y a través de ella ves la grandeza de los demás... Cada persona que conoces te deslumbra con todo lo que es, porque eres capaz de verla en su completitud, sus personajes, su esencia, sus miedos, su amor, su belleza...



El vacío sólo se llena cuando empiezas a amarte, a sentirte, a bailar al son de la vida, y no al son de un sistema que va en contra de tu propia naturaleza, la del ser humano, se llena cuando te empiezas a sentir ahí, latiendo en ti, cuando tu luz brilla a través de tus ojos, cuando vives el amor desde todo lo que eres y lo compartes con todo el mundo, cuando no hay diferencias entre tú y los demás, cuando amas sin condiciones, entregándote sin pedir nada a cambio, y respetando lo que el otro es, vive y siente, porque amas desde tu ser, no desde tus personajes, porque ellos suelen ser egoístas, mientras que tu ser, tu alma, ama sin más, ama libre, ama sin miedo, sin ataduras, ama porque es esa la energía que le impulsa...

Y cuando ese hueco se está llenando de ti es cuando conoces la verdadera felicidad, la paz interior, y una nueva manera de vivir y de afrontar las circunstancias que se te presentan, ya sean duras o no.

Ahí, ahí es donde estás en ti, ahí es donde las relaciones cambian, ahí es cuando puedes hallar todo lo que anheles desde tu alma, porque ya no será una necesidad por cubrir, una carencia, sino un compartir, y tus relaciones cambian, se basan en la cooperación, y no en una competición constante, se basan en la entrega total e incondicional, se basan en la unión, no en la división.

Todo adquiere un color diferente, un valor distinto, y en lo que a la pareja se refiere, simplemente encuentras a tu verdadero gran amor, porque primero te has hallado a ti, y luego llegará ese alguien que compartirá contigo su esencia, su verdadero yo.

Porque una relación entre personajes es lo que es, una ficción que tarde o temprano termina, y una relación entre dos yoes que se han hallado a sí mismos, es una entrega profunda y completa que va más allá de lo que la mente pide y necesita, es la unión real de dos almas que están muy por encima de la materialidad, de la superficialidad, es una relación que se sumerje en las aguas del océano de dos seres, mientras que entre personajes sólo llegan a sentir las olas de la superficie de su mar.

Cuando la máscara cae todo se vuelve más real, más vívido, más increíble, más mágico, más hermoso, aunque eso signifique dejar de ser comprendido por algunas personas que aún viven desde sus personajes, en el teatro que han escogido vivir...

Merece la pena... 

Arael Elämä...