Cuando alguien nos hace daño, cuando se expresa contra nosotros y nos ataca con sus acusaciones, o nos intenta responsabilizar o culpabilizar de su estado de ánimo, de su dolor, de su decepción, podemos sentirnos muy mal, caer bajo la manipulación de las emociones, tanto de las de esa persona, como de las nuestras propias, pues en muchas ocasiones somos presa fácil para ellas, porque nos pueden llegar a controlar por completo.
No me refiero en ninún caso a acciones violentas o agresivas, estaríamos hablando de algo diferente, me estoy refiriendo a actos más emocionales que nos llevan a hacer reacaer en el otro nuestro dolor, nuestra desilusión, o viceversa.
Ese tipo de situación vivida me ha llevado a conocerme mejor, saber cuál es mi reacción antes tales circunstancias y aprender a mantenerme en calma. Si se trata de la acusación de otro hacia mí, rechazando mi forma de ser o de actuar, siempre miro hacia dentro de mí, para verme, para saberme, para darme cuenta de qué es lo que tal vez debo modificar en mi comportamiento para mejorar, pero normalmente siempre acabo viendo que el conflico o el cambio no reside en mí, sino en quien me acusa de actuar en desacuerdo a lo que considera un buen comportamiento. Es su creencia la que que impulsa a esa persona a quereme cambiar, y yo debo decidir si la complazco o no. Evidentemente no hay que cambiar nada, sólo trascender.
No puedo enfadarme o reaccionar mal ante ese tipo de situación, sino buscar dentro de mí, sin acusar, sin juzgar a la persona que intenta herirme porque está herida.
Esta reflexión me lleva a expresarme y a explicar en qué consiste la mirada hacia el interior y la responsabilidad de lo que uno siente, sin acusar o proyectar en los demás nuestras emociones o nuestros conflictos. Se trata de un aprendizaje que se da cuando empezamos a ser conscientes de nosotros mismos y de nuestras reacciones emocionales. En una palabra, se trata de un proceso de maduración o crecimiento emocional.
No es el otro, soy yo, no es su piedra es la mía, no es su proyección
emocional sobre mí, es cómo reacciono yo ante ello... Si consigo ver en
mí dejaré de sufrir cuando el otro lanza su piedra, su emoción, y
aprenderé a conocerme mejor, con más amor y más sabiduría...
Cuando el otro no se sabe ver, se ve reflejado en ti y te acusa de su propio conflicto interior, ante eso, el amor y el respeto son la mejor acogida hacia la piedra que te pueda lanzar movido por su propio dolor, o su propia rabia...
Cuando el otro no se sabe ver, se ve reflejado en ti y te acusa de su propio conflicto interior, ante eso, el amor y el respeto son la mejor acogida hacia la piedra que te pueda lanzar movido por su propio dolor, o su propia rabia...
La clave está en que dentro de ti existan siempre la serenidad y la calma, y que cuando tus aguas se remuevan ante la invasión del otro, sepas apaciguarte y descubrir por qué y para qué se removieron tus emociones, para así trascenderlas y/o sanarlas...
Sanar es liberarte del control de tus creencias limitantes y de tus emociones densas, y darte cuenta de tu responsabilidad sobre ti mismo, incluso darte cuenta de cuando estás siendo tú quien lanza la piedra sobre el otro y ser capaz de volver a mirar hacia adentro para descubrir qué te ha llevado a proyectarte y verte reflejado en tu prójimo...
No es malo ser el reflejo de alguien, no es malo reflejarte en alguien,
a veces no logramos vernos a nosotros mismos sin la ayuda del espejo
que es el otro, así que, simplemente, dejemos de juzgarnos y de juzgar a
los demás, y aprendamos a ser la mejor versión de nosotros mismos,
desde la humildad y el amor, desde la generosidad y la compasión...
Arael Elämä Araham
Arael Elämä Araham

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